
| e-ISSN 2395-9134 |
| Artículos | Estudios Fronterizos, vol. 27, 2026, e184 |
https://doi.org/10.21670/ref.2606184
De aldea a ciudad global: las relaciones transfronterizas entre Shenzhen y Hong Kong
From village to global city: cross-border relations between Shenzhen and Hong Kong
Daniel
Lemus-Delgadoa
*
https://orcid.org/0000-0003-1002-5319
a Tecnológico de Monterrey, Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno, Monterrey, México, correo electrónico: dlemus@tec.mx
* Autor para correspondencia: Daniel Lemus-Delgado. Correo electrónico: dlemus@tec.mx
Recibido el
08
de
agosto
de
2025.
Aceptado el
29
de
abril
de
2026.
Publicado el 20 de mayo de 2026.
| CÓMO CITAR: Lemus-Delgado, D. (2026). De aldea a ciudad global: las relaciones transfronterizas entre Shenzhen y Hong Kong. Estudios Fronterizos, 27, Artículo e184. https://doi.org/10.21670/ref.2606184 |
Resumen:
La transformación de Shenzhen tiene como elemento indispensable las relaciones transfronterizas con Hong Kong. Este artículo, con base en el método documental, analiza las distintas etapas de la relación Shenzhen-Hong Kong durante 45 años, desde el inicio del proceso de apertura y reforma económica de China en 1979. Para ello, se discute el marco legal detrás de una relación sui generis moldeada por la adopción del concepto de “un país, dos sistemas” que permitió a Shenzhen transformarse en una metrópoli internacional. Los hallazgos demuestran que la adopción de una política pública basada en una visión de mediano y largo plazo, que puso como centro las ventajas derivadas de una relación fronteriza única, fue una pieza clave de esta transformación. Finalmente, las conclusiones destacan que la adopción de una planificación basada en una visión de complementariedad transfronteriza puede mejorar las condiciones de vida de las poblaciones menos favorecidas.
Palabras clave:
China,
Shenzhen,
Hong Kong,
un país dos sistemas,
relaciones transfronterizas.
Abstract:
Shenzhen’s transformation has as an indispensable element its relationship with Hong Kong. This article, employing a documentary method and considering a period that began with China’s opening-up and economic reform in 1979, analyzes the distinct stages of the relationship between Shenzhen and Hong Kong over 45 years. To this end, it discusses the legal framework behind a unique relationship shaped by the adoption of the “one country, two systems” concept that allowed Shenzhen to transform into an international metropolis. The findings demonstrate that the adoption of a public policy based on a medium- and long-term vision, which focused on the advantages of a single-border relationship, was a key element of this transformation. The conclusions emphasize that adopting a planning approach based on a vision of cross-border complementarity can enhance the living conditions of disadvantaged populations.
Keywords:
China,
Shenzhen,
Hong Kong,
one country two systems,
cross-border relations.
Introducción, Shenzhen de aldea a una ciudad global
La historia de Shenzhen es la historia de la transformación extraordinaria de una amplia zona rural fronteriza que ha tenido como telón de fondo los profundos cambios experimentados en China como consecuencia del proceso de reforma y apertura económica. En múltiples sentidos, la ciudad de Shenzhen es el producto de la transición de una economía de planificación centralizada a una economía de mercado bajo la tutela del Estado chino (Chen & de’Medici, 2012). En 1980, cuando iniciaba el proceso de reforma económica, Shenzhen fue designada una de las primeras cuatro zonas económicas especiales (ZEE), junto con Zhuhai, Shantou y Xiamen (Wu et al., 2021). Estas zonas fueron establecidas para funcionar como unidades experimentales de la reforma económica estructural y como sitios para el aprendizaje sobre la importancia de la ley y de la regulación en los procesos productivos conforme a las demandas del mercado (Stoltenberg, 1955). Shenzhen particularmente fue elegida con el doble objetivo de experimentar con las “fuerzas del mercado” y ser “la ventana de China al mundo” (Hu, 2021). De esta manera, Shenzhen fue considerada un laboratorio capitalista creado por un régimen comunista (Zacharias & Tang, 2010), en el que el programa reformador se implementaba gradualmente, bajo un modelo de ensayo y error, en una visión de mediano y largo plazo (Cable, 2017; Chen et al., 1992; Ellman, 1986).
La razón de elegir a Shenzhen como experimento de las profundas transformaciones económicas de China fue el que compartía frontera con Hong Kong, que entonces era una colonia británica (Lee, 2005). Shenzhen era un caso poco común de una ciudad con fronteras internacionales y nacionales: la primera línea fronteriza la separaba de Hong Kong y la segunda del resto de China; estas dos fronteras regularon de manera diferente diversos “flujos” de personas, productos, información y capital y fueron las condiciones que posibilitaron su rápida urbanización (Huang, 2017). En pocas palabras, la Shenzhen de hoy no existiría sin Hong Kong, que está justo al lado (Bontje, 2019).
En 1979, cuando inició el proceso de reforma económica, Shenzhen tenía una población permanente de 312 000 habitantes mientras que para 2023 era de 17 790 000 habitantes, lo que implicó que el número de residentes permanentes en la ciudad aumentara aproximadamente 43 veces en 40 años (Shenzhen Municipality Bureau of Statistics, 2024). El producto interno bruto per cápita en 1979 se situaba en 606 yuanes mientras que en 2023 alcanzó la cantidad de 195 230 yuanes (Shenzhen Municipality Bureau of Statistics, 2024). Además, en 2017 la economía de Shenzhen superó a la de Hong Kong en cuanto al producto interno bruto (Government of the Hong Kong Special Administrative, 2018), con lo que se consolidó como un importante centro tecnológico y económico de primer orden en China.
El caso de Shenzhen sorprende no solamente por la rapidez con la que la ciudad creció, sino por su capacidad para alcanzar un estatus de metrópoli internacional y ser considerada un sitio privilegiado para la innovación tecnológica y la economía basada en el conocimiento (Huang & Rohayah Sheikh Dawood, 2024). Asimismo, paulatinamente Shenzhen se transformó en una de las metrópolis más importantes de China con sólidos vínculos internacionales. En el ranking de ciudades mundiales elaborado por la Universidad de Loughborough en 2024, Shenzhen fue clasificada en la categoría Alfa, al lado de ciudades como Luxemburgo, Taipei, Bruselas, Zurich y San Francisco (GaWC, 2025).
El surgimiento de Shenzhen como metrópoli se entiende en el marco de la “revolución urbana de China”, un fenómeno sin precedente en la historia de la humanidad debido a la escala y rapidez con la que sucedió (Freeman, 2009). En 1978 la población urbana representaba solo 18% y para 2023 se incrementó a 66% (National Bureau of Statics of China, 2024). Esta transformación tiene su origen en la reestructuración impulsada por el Estado, donde la visión y la ambición del gobierno central para impulsar el desarrollo de regiones urbanas se implementó mediante una serie de planes estratégicos, mandatos nacionales y leyes de planificación, lo que permitió la interacción de múltiples niveles de gobierno (Ye & Yang, 2018).
Sin embargo, a diferencia de otras ciudades como Beijing, Shanghai, Nanjing y Xi’an, Shenzhen es una “ciudad instantánea” cuyo origen se encuentra en la voluntad del gobierno chino de convertirla en ejemplo de los avances que es capaz de lograr el régimen comunista bajo el amparo de un “socialismo con características chinas” (Hu, 2021).
Así, la transformación de Shenzhen es un fenómeno caracterizado por un complejo proceso de cambios económicos, sociales y espaciales que ha creado un ecosistema urbano con múltiples actores y dinámicas, que además ha evolucionado a través del tiempo. Por lo tanto, al tener como punto de partida los trabajos pioneros de Shirk (1993), Huang (1996), Castells (1998) y Wang y Hu (2001), se asume que, en última instancia, la transformación de Shenzhen, cuya raíz se encuentra en la estrategia para aprovechar la cercanía con Hong Kong, es resultado de una “revolución desde arriba”; es decir, la transformación económica china y la posibilidad de la emergencia de Shenzhen es un proyecto político específico, diseñado y controlado por la cúpula dirigente del gobierno central que se convierte así en el principal motor del desarrollo económico.
Si bien el extraordinario crecimiento de Shenzhen se explica en el marco general de la transformación china, este artículo sugiere que representa un caso único debido a su cercanía con Hong Kong y los vínculos transfronterizos que han dado paso a una relación de competencia y complementariedad, la cual ha evolucionado enmarcada en la fórmula de “un país, dos sistemas”.1 En otras palabras, la clave de la transformación de Shenzhen, de ser una zona rural que pasó a convertirse en una metrópoli, se explica por la evolución de las relaciones transfronterizas moldeadas por un marco legal único que permitió la interacción entre las dos ciudades en forma singular.
Sin embargo, para comprender la transformación de Shenzhen no basta la cercanía geográfica de ciudades con distintos niveles de desarrollo, sino que es fundamental tener en cuenta la capacidad de un régimen para crear un entorno favorable que permita aprovechar esta oportunidad en una visión de largo plazo. Por lo que, este artículo indaga cómo la búsqueda de legitimidad del Partido Comunista Chino es la piedra angular que explica el diseño e implementación de una política pragmática sui generis, reflejo del modelo económico chino, que permitió el éxito en la urbanización de Shenzhen. El Partido Comunista necesitaba crear una experiencia tangible de la superioridad del sistema de un “capitalismo con características chinas” y la transformación de Shenzhen ofreció una oportunidad única.
De esta manera, el objetivo central de este artículo es relacionar la búsqueda de legitimidad del régimen comunista con la evolución histórica de Hong Kong con la intención de analizar cómo el régimen adoptó una visión particular de desarrollo urbano combinando la transición económica sin cambios políticos con el desarrollo de espacios urbanos en los que la economía de mercado se desarrollaba.
Para analizar las distintas etapas de las relaciones transfronterizas entre Shenzhen y Hong Kong este artículo se organiza en cinco secciones. En la primera sección se presentan, como marco conceptual, las bases de legitimidad del Partido Comunista en China. Más adelante, se discuten los orígenes de Shenzhen en el marco de la política de apertura y reforma económica china. Posteriormente, se analiza la incorporación de Hong Kong a la soberanía china en el marco del principio de “un país, dos sistemas”. En la sección siguiente se examinan las fases de las relaciones transfronterizas entre Shenzhen y Hong Kong y la manera en que estas relaciones posibilitaron el surgimiento de Shenzhen como una metrópoli internacional. Finalmente, en las conclusiones, se destaca cómo la adopción de una planificación basada en una visión de complementariedad transfronteriza, que ha favorecido las posibilidades de incrementar las condiciones de vida de los pobladores de Shenzhen, es un elemento clave de legitimidad política para el régimen.
Legitimidad política y desarrollo urbano: el telón de fondo de la transformación de Shenzhen
Desde su fundación en 1949, la República Popular China ha sido un régimen de un único partido gobernante y, a excepción de un breve periodo durante los tumultuosos años de la Revolución Cultural, el Partido Comunista ha sido la única llave de acceso al poder (Li, 2014). El éxito de la transformación de Shenzhen como ejemplo tangible del éxito del modelo de desarrollo chino, en última instancia, es el éxito del propio Partido Comunista a la vez que el éxito de Shenzhen opera como base de la legitimidad del régimen.
Sin embargo, para comprender la relación entre la adopción de una política que permitió la transformación de Shenzhen y las bases de la legitimidad del Partido Comunista es preciso tener en cuenta el contexto específico del comunismo chino, enmarcado por una larga tradición histórica que conjuga las ideas políticas heredadas del confucionismo, las cuales justificaron el orden político y social del mundo chino por más de dos mil quinientos años, con el pensamiento comunista actual (Zhao, 2015). Para ello, es preciso considerar que las creencias religiosas y el pensamiento filosófico de la Antigua China confluyen en ideas renovadas que dan cobijo discursivo tanto a la espiritualidad como a la racionalidad del pueblo chino (Solé-Farràs, 2014).
Estas ideas moldean la política y el poder político, al apoyar la visión del Partido Comunista de “construir el socialismo con peculiaridades chinas”, al tiempo que el mismo Partido se erige como garante de las concepciones del confucianismo y las emplea como una vía más de su legitimidad. En este sentido, la importancia de Confucio va más allá de su propuesta filosófica, ya que su pensamiento representa el núcleo desde el que se forjaron tanto las bases de la organización social como las diversas modalidades del poder político. De este modo, Confucio fue el puente en que el pensamiento filosófico político transitó de la teocracia al naturalismo, al relevar la importancia per se del ser humano y su relación con el otro, para alejarlo de un mandato o sanción divinos y promover el respeto y amor a la humanidad (Oropeza-García, 2019).
Si bien la legitimidad política es un concepto ampliamente debatido y cuyos fundamentos son vastos, es primordial resaltar la relación entre moralidad y legitimidad política. Evidentemente, la moralidad no es el único elemento para comprender la construcción de la legitimidad, pero indiscutiblemente la moralidad es una pieza clave de este proceso en el caso chino. Ahora bien, la legitimidad política puede entenderse como la creencia
en la legitimidad de un Estado, en su autoridad para emitir órdenes, de modo que las órdenes se obedezcan no simplemente por el interés propio, sino porque se cree que tienen autoridad moral, porque los sujetos creen que deben obedecer. (Barker, 1990, p. 11)
Los fundamentos de la legitimación del poder son la convicción de los gobernados de que su gobierno, ya sea democrático, comunista o autoritario, es moralmente correcto (Alagappa, 1995).
Los valores morales asociados con la legitimidad deben entenderse en el mundo social chino. Como ha señalado Guo (2010), si solo se tienen teorías políticas de la civilización occidental, la visión general de la legitimidad política en China será incompleta. En la experiencia china, las creencias, las normas y los valores tradicionales son cruciales. Por lo tanto, la importancia de la ética en el discurso político, la obligación del Estado de garantizar el bienestar del pueblo, la necesidad de un Estado fuerte para mantener un sistema de gobierno unitario y el cultivo de la armonía política y social a través de la creación de consenso, el acuerdo concurrente y el sacrificio individual, continúan moldeando al sistema político chino y las bases que lo soportan (Guo, 2010, p. 2).
Aunque estas ideas también están presentes en filósofos occidentales como Hobbes, Locke o Rousseau, lo que hace único al pensamiento político chino es que retoma la idea de la legitimidad política como resultado de la superioridad moral. En consecuencia, ideas como el Mandato del Cielo, la Piedad Filial, la armonía como resultado de un orden social jerárquico, la visión cíclica de la historia, el auge y la caída de las dinastías debido a la debilidad moral de los emperadores y la visión sinocéntrica del mundo son fundamentales en el contexto particular de la civilización china (Chu, 2013). La parte crucial de la moralidad es la presencia de un gobierno benévolo, el cual está caracterizado por el hecho de que los gobernantes deben ser compasivos con la gente (Chu, 2013).
La visión paradigmática de la legitimidad ha enfatizado tradicionalmente un orden normativo y las responsabilidades morales de sus líderes. La responsabilidad estatal mutuamente reconocida, tanto por el Estado como por la sociedad, hacia el bienestar del pueblo chino, proporciona la base para la legitimidad del régimen. La moralidad burocrática es tan vital como el compromiso moral del Estado. Por lo tanto, la legitimidad del régimen durará mientras se mantenga el compromiso moral (Tong, 2011).
La percepción favorable del pueblo sobre sus líderes es un elemento fundamental de la legitimidad del gobierno chino, cuya característica principal debe estar no solo en la efectividad en el manejo de los asuntos estatales, sino en su capacidad moral (Guo, 2010). En este sentido, desde la perspectiva china, es la superioridad moral la que permite la superioridad material. Y el avance en la forma de vida de los habitantes chinos que se expresan en la revolución urbana y la erección de ciudades como Shenzhen que buscan ofrecer mejores condiciones de vida para sus habitantes es posible debido no solamente a la capacidad “técnica” de los gobernantes sino a su superioridad moral.
Finalmente, la historia contemporánea de China demuestra cuán exitoso ha sido el Partido Comunista para mantenerse en el poder y cómo ha logrado superar los errores cometidos en diferentes coyunturas históricas (Li, 2014). Como se explora en las siguientes secciones, la introducción de una política de apertura económica para superar una economía estancada, la recuperación de Hong Kong y el respeto en un alto grado a su autonomía y la transformación de Shenzhen en una metrópoli de vocación internacional se presentan como una política de rectificación por funcionarios no solo técnicamente capaces, sino moralmente superiores.
Shenzhen y su transformación en el marco de la política de apertura y reforma económica china
El mes de diciembre de 1978 marcó un punto de inflexión en la historia contemporánea de China cuando, durante los trabajos de la Tercera Sesión Plenaria del XI Comité Central del Partido Comunista, se determinó llevar a cabo una reforma integral cuyo objetivo era promover el desarrollo económico mediante la atracción de inversión extranjera directa y el impulso a la innovación (Im, 2014). Además, se anunció que el enfoque de la política se alejaría del énfasis ideológico de la “lucha de clases” que había caracterizado la década anterior y, en cambio, se centraría en el objetivo del crecimiento económico (Bhardwaj, 1992).
Deng Xiaoping, líder supremo del Partido Comunista, reconoció que las mayores amenazas para China se encontraban en el subdesarrollo, las lentas tasas de crecimiento económico y el atraso tecnológico en relación con sus vecinos asiáticos como Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Singapur y con países desarrollados, como Estados Unidos y Japón (Harding, 1987). Desde una perspectiva más amplia, la intención era avanzar en la ruta del crecimiento y desarrollo a través de impulsar la modernización china en cuatro sectores: industria, agricultura, ejército y ciencia y tecnología (Hsü, 2000). Para ello, uno de los primeros pasos fue el establecimiento de las ZEE (Tantri, 2013).
A diferencia de otros procesos de apertura y reforma económica contemporáneos, el proceso chino tuvo su origen en una crisis de legitimidad política (Bléjer et al., 1991), heredada de los turbulentos años de la Revolución Cultural, los cuales oficialmente finalizaron en 1976 con la muerte de Mao Zedong (Fenby, 2008). Durante los siguientes tres años, mientras se consolidaba un nuevo liderazgo, la dirigencia del Partido Comunista debatió la ruta a seguir y contempló opciones que abarcaban desde la continuidad de una política económica centralizada al estilo estalinista hasta un proceso simultáneo de modernización económica y política que eventualmente diera paso a la adopción de un sistema democrático liberal (Yang, 2024). Al final, se impuso la línea reformista encabezada por Deng Xiaoping quien enarboló la propuesta de impulsar un “socialismo con características chinas” que permitiera adoptar la lógica de una economía de mercado bajo la tutela del Estado chino (Vogel, 2011).
Esta visión implicó una profunda reforma económica sin adoptar el sistema político liberal de Occidente (Zheng, 1999). Como lo señaló Deng al inicio del proceso reformador, para llevar a cabo la modernización, el requisito fundamental era defender los Cuatro Principios Cardinales del partido, tanto ideológica como políticamente. Estos principios eran mantener el camino socialista, defender la dictadura del proletariado, defender el liderazgo del Partido Comunista y defender el marxismo-leninismo y el pensamiento de Mao Zedong (Cheek, 2016).
En este contexto, para la dirigencia del Partido Comunista era indispensable que la puesta en marcha de una serie de reformas económicas sucediera en “espacios controlados”; así, las ZEE serían sitios para los experimentos políticos respecto al concepto novedoso de “capitalismo de Estado” (Chu, 1987). Los reformadores chinos sabían que era imposible modernizar al mismo tiempo y de manera uniforme todo el país; no solo por el tamaño de la población o lo extenso del territorio, sino por la falta de infraestructura para conectar al país con el mercado internacional, así como por la ausencia de empresas privadas, de una clase empresarial y de una mano de obra calificada (Lemus-Delgado & Balderrama, 2010). Por lo tanto, una decisión clave fue limitar el espacio territorial de las reformas, con el fin de crear un campo de experimentación de un fenómeno totalmente nuevo (López Villafañe, 2012).
En breve, las ZEE se caracterizaron por el hecho de que diversos servicios públicos, como el suministro de agua y la electricidad, estaban bien preparados a diferencia de las demás regiones del país. Además, estas ZEE, al ser administradas directamente por las autoridades provinciales, fomentaron un clima favorable para la inversión extranjera, al otorgar flexibilidad burocrática en la toma de decisiones claves. Asimismo, las ZEE otorgaban a las empresas un trato preferencial en relación con los impuestos y el uso de la tierra. Por otra parte, los productos manufacturados estaban destinados a la exportación y las ZEE funcionaban de manera similar a una economía de libre mercado. Finalmente, a diferencia del resto de China, en estos sitios se permitía a las empresas extranjeras invertir en empresas conjuntas con ciudadanos chinos (Yeung, 2015).
Cuando el liderazgo del Partido Comunista anunció la creación de una nueva municipalidad llamada Shenzhen en marzo de 1979, esta localidad era en gran parte una zona rural y pesquera poco conocida dentro del condado de Baoan, perteneciente a la provincia de Guangdong, ubicado en la costa sur de China, en la desembocadura del río Perla. El objetivo era impulsar la zona para aprovechar su ubicación limítrofe con Hong Kong, como parte de un plan más amplio para impulsar las regiones del sureste del país (Chen et al., 2003).
Además, Shenzhen no era una gran ciudad en la década de 1970, por lo tanto, los riesgos políticos y económicos de permitir que el municipio experimentara con las fuerzas del mercado parecían manejables, por lo que, si la reforma fracasaba, no perjudicaría significativamente la economía nacional ni mancharía la reputación de la élite gobernante (Ye & Yang, 2018). En agosto de 1980, se adoptó una medida más audaz cuando el Comité Permanente del Congreso Popular emitió el Reglamento sobre las Zonas Económicas Especiales de la Provincia de Guangdong y se reservó un terreno de 327.5 kilómetros de la superficie total de la ciudad para la construcción de la mayor de las primeras cuatro zonas económicas especiales de China (Chen et al., 2003).
Más allá de este contexto nacional, la provincia de Guangdong y particularmente la frontera con Hong Kong en la que se erigió la nueva ZEE de Shenzhen tenía una problemática singular derivada del hecho de ser la frontera de la China continental con Hong Kong. Para 1979, Hong Kong no solamente continuaba siendo una colonia británica, sino que aún no se había firmado la Declaración Conjunta Sino-Británica de 1984 que estableció las condiciones bajo las cuales Hong Kong regresó a ser parte de China (Summers, 2018). Desde el triunfo de la Revolución de 1949, Hong Kong se había convertido en un enclave para la llegada de migrantes ilegales provenientes de la China continental que buscaban tener mejores condiciones de vida, escapar de la violencia, las hambrunas y la agitación política, o establecerse en una base estable para una futura migración a un tercer país (Liu & Lam, 2022).
La hambruna y las dificultades económicas en China continental generaron distintas olas migratorias; solamente en el periodo comprendido entre 1976 y 1981 se calcula que unos 400 000 inmigrantes chinos entraron a Hong Kong (Wong, 2007). Para Deng, esta situación no se podía ignorar y se derivaba del bajo nivel de vida, en particular de la gran diferencia que existía entre la China continental y Hong Kong, por lo que instaba a los dirigentes de la provincia a resolver el problema mediante el desarrollo de la economía local y la mejora de la calidad de vida de los habitantes de la provincia de Guangdong (Yitao & Zhiguo, 2014).
El éxito de Shenzhen fue más allá de la imaginación de muchas personas. La proyección inicial, realizada en 1981 por los funcionarios de la Oficina de Planificación de Shenzhen, estimaba que la población de la ZEE sería de 400 000 habitantes para 1990 y de un millón para 2000, cifras que se alcanzaron en los años de 1985 y 1989, respectivamente (Shen, 2018). Años más tarde, en 1992, cuando Deng emprendió la famosa Gira por el Sur, en su visita a la ciudad de Shenzhen, recordó cómo en 1984 gran parte de la ciudad era arrozales, estanques, senderos estrechos y casas bajas. Cuando años después regresó a Shenzhen, las calles estaban flanqueadas por edificios de mediana altura y algunas estructuras más altas tenían cristales espejados, como símbolo de la modernidad. Deng afirmó: “Han pasado ocho años y Shenzhen se está desarrollando a un ritmo vertiginoso. Supera mis expectativas” (Chatwin, 2024).
Esta extraordinaria transformación solo se puede comprender si se consideran las posibilidades derivadas del fenómeno de doble frontera enmarcado por la fórmula de “un país, dos sistemas” que se aborda en la siguiente sección.
Relaciones transfronterizas en el marco de la política de “un país, dos sistemas”
Las relaciones transfronterizas Shenzhen-Hong Kong se enmarcan por las particularidades derivadas de la transición política de Hong Kong, después de ser una colonia británica por más de 150 años, se convirtió en una región administrativa especial de China (Lee, 2005). La Colonia Británica de Hong Kong comprendió tres partes: la isla de Hong Kong, la península de Kowloon y los Nuevos Territorios. Hong Kong y la península de Kowloon fueron cedidas a perpetuidad a la Corona Británica en 1842 y 1860, respectivamente, como consecuencia de la derrota china en la primera y la segunda guerra del Opio (Dillon, 2010), mientras que los Nuevos Territorios fueron cedidos por un periodo de 99 años a partir de 1898 (Li, 2000). El paso de Hong Kong al dominio colonial británico representó una de las mayores humillaciones para China en el siglo XIX (Chan, 1996).
En septiembre de 1982, la primera ministra de la Gran Bretaña, Margaret Thatcher, visitó Pekín para conocer las intenciones de China con respecto a Hong Kong después de 1997, fecha en que finalizaría la cesión de los Nuevos Territorios (Anguiano, 2001). La propuesta inicial de Thatcher era mantener el statu quo; sin embargo, la respuesta de Deng fue firme afirmando que China no aceptaría que los territorios hongkoneses fueran administrados por la Corona Británica después de 1997 (Ku, 1990).
La visita de Thatcher puso en marcha dos años de conversaciones que culminaron en un acuerdo bilateral firmado en septiembre de 1984 por Thatcher y Zhao Ziyang, quien entonces fungía como primer ministro de China (Anguiano, 1997). Con este acuerdo Hong Kong regresaba a ser parte de China (Anguiano, 1997). Así, el liderazgo del Partido Comunista completó la primera tarea de su gran objetivo de recuperar la soberanía sobre el territorio histórico chino (Anguiano, 2001).
De esta manera, el primero de julio de 1997, China retomó el ejercicio de su soberanía sobre Hong Kong bajo el principio de “un país, dos sistemas” (Garver, 2016). Este principio encerraba una fórmula flexible diseñada por la dirigencia del Partido Comunista para reintegrar a Hong Kong a China permitiendo que este territorio mantuviera un alto grado de autonomía. La idea fundamental era que en China pudieran coexistir dos sistemas políticos y económicos distintos; por lo tanto, este principio garantizaba que el sistema y las políticas socialistas chinas no se practicarían en la antigua colonia británica y que el sistema y el estilo de vida anteriores de Hong Kong permanecerían sin cambios durante los siguientes cincuenta años (Yip, 2015). La premisa original del principio “un país, dos sistemas” inicialmente no fue concebida para la reincorporación de Hong Kong; de hecho, Deng utilizó esta expresión por primera vez en enero de 1982 para resumir los nueve principios que propuso para el retorno de Taiwán a China y conseguir así la reunificación pacífica del país (Lo, 2014).
Para dar cabida a la coexistencia de dos sistemas diferentes, en diciembre de 1982 el Congreso Nacional aprobó una nueva constitución cuyo artículo 31 permitía la creación de regiones administrativas especiales, una solución política pensada para favorecer la reincorporación no solamente de Hong Kong, sino también de Macao y Taiwán (Martí Sánchez, 2012). En este artículo se establecía que, en caso de ser necesario, el Estado podía instituir zonas administrativas especiales, las cuales deberían ser prescritas por una ley promulgada por la Asamblea Popular Nacional al considerar “las condiciones específicas” (The State Council. The People’s Republic of China, 2019).
Dos años más tarde, autoridades del gobierno chino y británico firmaron una declaración conjunta que establecía, entre otros puntos, que China recuperaría la soberanía sobre el conjunto del territorio de Hong Kong a partir del primer día de julio de 1997. Además, se especificaba que Hong Kong pasaría a ser una región administrativa especial, sujeta a la autoridad del gobierno central de la República Popular China. Asimismo, en la declaración se estipuló que la región administrativa especial de Hong Kong contaría con su propio poder legislativo, ejecutivo y judicial, a la vez que las leyes en vigor permanecerían básicamente inalteradas.
Por otra parte, a diferencia de la época colonial, en la que la máxima autoridad era un gobernador nombrado por la Corona Británica, la declaración estableció que esta autoridad recaería en el jefe del ejecutivo, cuyo nombramiento sería por el gobierno central con base en el resultado de elecciones o consultas efectuadas localmente, y que el poder legislativo se formaría mediante elecciones. Finalmente, la declaración precisaba que Hong Kong preservaría su sistema económico y social que garantizara prerrogativas a los ciudadanos hongkoneses como el derecho a la libertad religiosa, de expresión y de prensa, derecho de reunión, de asociación y de huelga y respeto irrestricto a la propiedad privada (Declaración Conjunta Sino-Británica, 1984).
Los principios de la declaración conjunta quedaron establecidos en la Ley Básica, que goza de rango constitucional, es decir, funge como una carta constitucional inviolable cuyo propósito es dotar de estabilidad social y desarrollo económico a Hong Kong. La Ley Básica estipula la soberanía y el estatus legal de Hong Kong, así como especifica el ámbito de autoridad permisible y la interrelación entre las autoridades centrales chinas y locales hongkonesas; establece el sistema político; delinea la relación entre los poderes ejecutivo, legislativo y judicial; establece la evolución del sistema electoral y determina los derechos y obligaciones de los habitantes de Hong Kong (Hong Kong Special Administrative Region Government, 2025).
La importancia de la cercanía de Shenzhen con Hong Kong radica en que, al ser Hong Kong reincorporada a China manteniendo un modelo político y económico distinto al que entonces se vivía en Shenzhen, las oportunidades de “aprender de la experiencia hongkonesa”, “experimentar con las fuerzas del mercado” y “ser el puente de entrada de China al mundo y del mundo a China”, potencializó una interacción transfronteriza única. Hong Kong proporcionó una base para la atracción de empresas internacionales que querían incursionar en China y Shenzhen, originalmente fue el centro de proveeduría de Hong Kong de productos elaborados por una mano de obra disciplinada y económicamente rentable, un fenómeno caracterizado por la idea de “la tienda al frente, la fábrica atrás” (Shen, 2018). A la vez, las facilidades otorgadas a Shenzhen por el gobierno central chino al constituirse en una de las cuatro primeras ZEE, le permitieron convertirse en un importante polo de atracción de mano de obra de toda China, lo que favoreció su crecimiento exponencial y un importante centro de migración interna.
Sin embargo, lo que más llama la atención es la transformación de Shenzhen de ser proveedor de mano de obra y sitio de ensamble de productos a ser una ciudad global y epicentro de las innovaciones en China, con lo que pasó de ser aprendiz a rival de Hong Kong. En este sentido, Shenzhen se ha convertido en el modelo exitoso de la búsqueda por reequilibrar la economía para que dependiera menos de un crecimiento exógeno, basado en la exportación de bienes manufacturados de bajo precio y con uso intensivo de mano de obra, y dependa más de un crecimiento endógeno, por medio de inversiones internas centradas en una producción de mayor valor agregado, mano de obra calificada y consumo interno (Carter, 2010).
Para entender estas profundas transformaciones, en la siguiente sección se discute la importancia de Hong Kong para el impulso de Shenzhen y la evolución de las relaciones transfronterizas entre Shenzhen y Hong Kong en el marco de una política de mediano y largo plazo emprendida por el gobierno chino.
Evolución de las relaciones transfronterizas Shenzhen-Hong Kong
No es una casualidad que Shenzhen haya sido seleccionada como una de las primeras ZEE en China debido a la frontera compartida con Hong Kong, lo que permitió su evolución gradual de aldea a ciudad global, como se observa en la Tabla 1. En los años posteriores a la segunda guerra mundial, la estructura política y la estabilidad proporcionadas por el gobierno colonial impulsaron el vigoroso desarrollo económico del territorio hongkonés y el éxito económico de la colonia permitió el florecimiento de una comunidad educada, próspera y vibrante (Ku, 1990).
Bajo el régimen colonial, Hong Kong evolucionó de ser un territorio caracterizado por la presencia de pueblos pesqueros hasta convertirse al finalizar el siglo XX en una ciudad cosmopolita que disfrutaba de uno de los niveles de vida más altos de Asia Pacífico, combinando la presencia de una sociedad abierta y liberal con una economía de mercado dinámica, aunque sin un gobierno plenamente democrático (Chan, 1996). Desde sus inicios, Hong Kong ocupó una posición estratégica que conectaba a China con el mundo exterior, fungiendo como el trampolín más importante para las diásporas chinas y como puerta de entrada a China para quienes estaban interesados en este país, ya fuera como una nueva frontera para la expansión colonial, como un enorme mercado o como una salida para la subcontratación global de manufactura a bajo costo (Chan & Lin, 2008).
Hong Kong, considerada uno de los cuatro pequeños dragones de las economías altamente desarrolladas del Este de Asia, empezó su proceso de industrialización en la década de 1950 (Vogel, 1991). El rol de Hong Kong fue fundamental no solo para la transformación de Shenzhen, sino para el éxito de las reformas económicas chinas. Entre los años de 1979 y 1995, dos terceras partes de la inversión extranjera directa hacia China provinieron de Hong Kong; así, Hong Kong se convirtió en la más importante fuente de inversión, capital, tecnología, conocimiento de las tendencias internacionales y dinamismo y cultura empresarial (Rosales, 2020).
Además, Hong Kong proporcionó la experiencia de su proceso de industrialización y muchos empresarios hongkoneses recolocaron sus industrias relacionadas con la fabricación de ropa, plásticos, juguetes y productos electrónicos hacia Shenzhen a la vez que invertían fuertemente en la construcción de fábricas en esa ZEE (Roberts, 2012).
| Año | Planes y eventos significativos |
|---|---|
| 1978 | Inicio del programa de apertura y reforma económica |
| 1979 | Establecimiento de la ciudad de Shenzhen en el condado de Baoan |
| 1980 | Shenzhen es designada una ZEE. Implementación de un plan piloto sobre el sistema de contratos laborales y elaboración del primer borrador del “Plan maestro de Shenzhen” |
| 1982 | Presentación del primero de los planes maestro de la ZEE de Shenzhen |
| 1983 | Establecimiento de la primera institución de educación superior a tiempo completo en Shenzhen (Universidad de Shenzhen) |
| 1985 | Presentación del segundo plan maestro de Shenzhen |
| 1987 | Promulgación del primer “Reglamento provisional para el fomento de la creación de empresas privadas de tecnología por parte del personal científico y técnico” que permite el establecimiento de empresas privadas de alta tecnología como Huawei |
| 1990 | Establecimiento de la Bolsa de Valores de Shenzhen |
| 1991 | Presentación del plan de desarrollo socioeconómico de 10 años |
| 1992 | Abolición del condado de Bao An y establecimiento de los distritos de Bao An y Long Gang, para acelerar la urbanización, industrialización y modernización en la zona rural de Shenzhen |
| 1998 | Promulgación de las normas sobre planificación urbana del municipio de Shenzhen |
| 1999 | Establecimiento de la junta de planificación urbana de Shenzhen |
| 2000 | Aprobación del tercer plan maestro por el Consejo de Estado |
| 2004 | Presentación del plan maestro urbano “Shenzhen 2030. Estrategia de desarrollo” |
| 2006 | Compilación del cuarto plan maestro (2010-2020) que resalta los tres niveles jerárquicos: municipal, distrital y regional |
| 2010 | Aprobación del “Plan de desarrollo integral para la zona de cooperación de la industria de servicios modernos Qianhai Shenzhen-Hong Kong”. Puesta en marcha de la siguiente etapa de planificación urbana denominada “Estrategia de desarrollo Shenzhen 2040” |
| 2014 | Aprobación de la primera Zona Nacional Independiente de Demostración de Innovación. Establecimiento de la Universidad China de Hong Kong (Shenzhen) por el Ministerio de Educación |
| 2016 | Inauguración de la conexión bursátil Shenzhen-Hong Kong, un hito importante en la apertura bidireccional del mercado de capitales de China |
| 2017 | Implementación de los “Diez planes de acción” para construir una ”Ciudad de la innovación” globalmente competitiva |
| 2019 | Publicación del “Plan de desarrollo de la gran área de la bahía de Guangdong-Hong Kong-Macao” para promover la construcción de dicha área. Implementación del ”Reglamento sobre la protección de los derechos de propiedad intelectual en la Zona Económica Especial de Shenzhen”. Publicación del “Plan de expansión de la Zona Nacional de Alta Tecnología de Shenzhen” para construir parques tecnológicos de clase mundial |
| 2020 | Promulgación del “Plan de implementación del programa piloto de reforma integral para la construcción de una zona piloto de demostración del socialismo con peculiaridades chinas en Shenzhen (2020-2025)” |
| 2021 | Publicación del XIV Plan quinquenal (2021-25) para el desarrollo económico y social nacional. Presentación del “Plan territorial integral de Shenzhen (2021-2035)” que define el rol de Shenzhen como un centro económico nacional, una ciudad marítima moderna, un centro de transporte internacional y un centro de innovación global |
| 2025 | Aceleración de la construcción de 798 proyectos clave de Shenzhen con una inversión total de 3.15 billones de yuanes (434 000 millones de dólares) incluidos 238 destinados a modernizar industrias, 292 enfocados en mejorar el bienestar de las personas y 268 relacionados con la infraestructura. La ciudad aspira a convertirse en un líder mundial en la economía de baja altitud mediante el aumento significativo de las instalaciones de despegue y aterrizaje y las estaciones base 5G-A, junto con el lanzamiento del Sistema Integrado Inteligente del Espacio Aéreo Inferior (SILAS, por sus siglas en inglés de Smart Integrated Lower Airspace System). Simultáneamente, se planea la inversión en corredores ecológicos, vías verdes, parques y mejoras en la atención médica |
Basado en la propuesta de Hu (2021) sobre la evolución de Shenzhen y considerando cuatro principales planes maestros urbanos de esta ZEE (1986, 1996, 2010 y 2021), se proponen cuatro etapas distintas respecto a la manera en que Hong Kong ha sido un factor clave en la planeación y desarrollo de Shenzhen, a partir de que esta región surge como una ZEE. Estas etapas son dependencia, aprendizaje, colaboración e integración. Evidentemente, la naturaleza de Hong Kong como factor determinante en la planificación de Shenzhen y sus impactos han cambiado con el paso del tiempo. Estos cambios tienen sus orígenes en la transformación de las relaciones Shenzhen-Hong Kong y en la ruta de desarrollo que cada metrópoli ha asumi o. Además, las diferentes características distintivas de cada una de las etapas no implican un orden progresivo directo ni que las características de cada nueva etapa reemplacen a las anteriores. Por lo tanto, es posible establecer que estas etapas han coexistido en distintos periodos y lo que distingue a cada periodo es la relevancia que adquieren los atributos definitorios de cada etapa en un momento histórico determinado.
Los antecedentes de estas etapas se encuentran en el documento “1982: Master plan de la Zona Económica Especial de Shenzhen”. La provisión de infraestructura fue la preocupación predominante en la etapa inicial del desarrollo urbano a principios de la década de 1980. Este plan proponía una estructura urbana multicéntrica, compuesta por los núcleos de Nantou, Luohu-Shangbu y Shatoujiao que se conectarían por medio de una importante vía troncal, la carretera Shennan. Así, la ciudad comenzó a desarrollarse siguiendo un patrón multicéntrico (Mao et al., 2008; véase Figura 1).
Figura 1.
Mapa de Hong Kong y los distritos de Shenzhen
Fuente: elaboración propia basado en Google Maps y Oficina de Turismo de Shenzhen
La primera etapa es la de dependencia. En esta etapa se determinó la estructura espacial organizada a lo largo de la frontera terrestre y marítima con Hong Kong. En consecuencia, las conexiones de Shenzhen con Hong Kong determinaron el diseño de los espacios y la estructura urbana que los sustentaría. Se priorizó el desarrollo del distrito de Luohu, ubicado en el sureste de Shenzhen, justo en la frontera con Hong Kong, debido a su proximidad a Hong Kong y la presencia de un puerto aduanero allí. Este periodo coincide con la visión de Deng quien consideraba que las ZEE deberían ser “ventanas” de China (Xiaoyun, 2017).
Esta visión tuvo un fuerte impacto en la fase inicial de planificación y desarrollo de Shenzhen. Para los planificadores de Shenzhen, esta ZEE debía ser la “ventana” que se abría primero a Hong Kong y posteriormente al mundo a través de Hong Kong. Por lo tanto, el plan de 1986 tuvo una fuerte tendencia a capitalizar las oportunidades que brindaba Hong Kong, que para entonces ya era una metrópoli global y centro financiero de primer orden. La economía manufacturera de Shenzhen y los primeros pasos en el desarrollo inmobiliario se relacionaron principalmente con esa imagen de Hong Kong.
La segunda etapa es la de aprendizaje. En esta etapa, en la medida en que las fábricas hongkonesas se reubicaban principalmente en la región del delta del río Perla, la base económica de Shenzhen continuó siendo industrial y desempeñaba un rol crítico que complementaba la economía postindustrial hongkonesa. La etapa de aprendizaje se reflejó en el plan maestro de 1996. Este plan estableció la visión de Shenzhen como una “metrópoli internacional moderna”. En este contexto, los vínculos Shenzhen-Hong Kong fueron considerados un elemento fundamental para alcanzar esta visión. Este plan estableció tres dimensiones de los vínculos entre las dos regiones.
La primera dimensión expresaba el mandato central del Partido Comunista de fortalecer el principio de “un país, dos sistemas”. Por lo tanto, Shenzhen tuvo el mandato central de proporcionar una preparación estructural para garantizar la prosperidad y la estabilidad de Hong Kong. El plan de 1996, por primera vez en la historia de la planificación de Shenzhen, expuso explícitamente el rol de Shenzhen en la implementación del principio de “un país, dos sistemas”, lo que contribuyó a la unificación nacional. La segunda dimensión implicaba el fortalecimiento de la infraestructura terrestre, marítima y aérea que conectaba ambas ciudades con la intención de unir a Hong Kong con China continental a través de Shenzhen. Finalmente, la tercera dimensión impulsaba la complementariedad económica basada en la interdependencia económica entre Hong Kong, la región del delta del río de la Perla y la China continental. Debido a su posición como centro financiero y comercial internacional, Hong Kong facilitaría la inversión extranjera directa. Cada una de estas dimensiones se planteó también como una forma de aprender de la experiencia hongkonesa.
La etapa de cooperación significó, por vez primera, una relación horizontal entre Shenzhen y Hong Kong. Por primera vez se presentaron conceptos como codesarrollo y coconstrucción. Conforme con el plan maestro de 2010, la función principal de Shenzhen era servir como plataforma de apoyo nacional para la prosperidad y estabilidad de Hong Kong. El cambio radical consistía en que esta plataforma se concebía como un centro internacional de finanzas, comercio y transporte marítimo en codesarrollo con Hong Kong bajo el marco de “un país dos sistemas”. Para ello, se propuso la visión de fortalecer la cooperación Shenzhen-Hong Kong. La intención era construir conjuntamente una “área metropolitana de clase mundial”.
Las siete áreas para fortalecer la cooperación entre Shenzhen y Hong Kong que se establecieron en el Plan Maestro fueron finanzas, innovación, servicios empresariales, aeropuertos, conexiones transfronterizas, desarrollo conjunto transfronterizo y protección y gestión ecológica y ambiental. Esta colaboración tenía sus raíces en la aspiración de Shenzhen de convertirse en una metrópolis internacional cuyo desarrollo se basaba en una economía del conocimiento. Hong Kong constituía el modelo a seguir precisamente por ser una metrópoli internacional impulsada por una economía basada en el conocimiento.
La última etapa, de integración refleja, por un lado, el éxito de Shenzhen en transformarse en una metrópoli internacional y, por el otro, la pérdida de centralidad de Hong Kong. Esta pérdida de centralidad ha sido un proceso gradual a partir de los éxitos alcanzados por el programa modernizador. En la medida en que China creció drásticamente y otras ciudades como Beijing, Shanghai y Guangzhou alcanzaron prestigio internacional, mientras que el tamaño de su economía superaba a Hong Kong, la antigua colonia británica perdió relevancia como “ventana al mundo”.
Esta etapa se ve reflejada en el plan maestro de 2021, el cual establece que Shenzhen evolucionará de ser una ZEE para convertirse en una ciudad nacional de innovación, un centro marítimo moderno y un hub internacional de transporte al tener como objetivos clave el convertirse en un centro económico global para 2025, en una metrópoli internacional moderna para 2035 y alcanzar el estatus de ciudad avanzada mundial para 2050. Desde un punto de vista de las relaciones transfronterizas, lo más relevante de este plan es el estatus y tipo de relaciones que mantiene Shenzhen y Hong Kong bajo el Proyecto del área de la gran bahía de Guangdong-Hong Kong-Macao (AGB).
El proyecto AGB busca establecer una región con un gran dinamismo económico que pueda desempeñar un papel global importante, por medio de fomentar los vínculos económicos intrarregionales, reducir los trámites en la frontera entre China continental y las regiones administrativas especiales de Hong Kong y Macao y desarrollar la infraestructura que permita la integración regional (Murphy, 2025). El plan del proyecto AGB es crear un conglomerado urbano de clase mundial y eliminar las barreras que dificultan la libre circulación de bienes y recursos a pesar de que Guangdong, Hong Kong y Macao pertenecen a diferentes regiones administrativas y zonas aduaneras, por lo cual lograr el nivel de colaboración y funcionamiento necesario para el desarrollo integrado de la AGB (Yu, 2019).
Shenzhen y Hong Kong comparten una visión estratégica de integración regional, innovación y desarrollo sostenible. El plan urbano de Shenzhen refuerza su papel como centro de innovación tecnológica, alineado con el objetivo del proyecto AGB de convertirse en un hub global de ciencia y tecnología. El master plan de Shenzhen no solo responde a necesidades locales, sino que actúa como pieza clave en la arquitectura del AGB, al aportar elementos para la consolidación de esta región como una de las más dinámicas e innovadoras de Asia.
Conclusiones
El surgimiento de Shenzhen como una “ciudad instantánea” solamente puede explicarse si se tiene en cuenta el contexto histórico en que confluyeron dos procesos simultáneos únicos. Por una parte, Shenzhen es resultado de la voluntad política del régimen comunista de mantener la legitimidad política del régimen a través de un proceso de modernización económica gradual que eventualmente elevaría la calidad de vida de los ciudadanos chinos. Shenzhen debía ser el ejemplo de la destreza de la élite política para concretar cambios que mejoraran las duras condiciones de vida experimentadas durante los primeros treinta años de existencia de la China comunista.
Por otra parte, la transición de Hong Kong fue fundamental. Esta ciudad dejó de ser parte de un régimen colonial para pasar a formar parte de China bajo un sistema diferente que incluía ciertas prerrogativas y libertades. La vertiginosa transformación de Shenzhen, que en el periodo de una generación cambió completamente dejando atrás el paisaje de un pueblo agrícola para convertirse en una megalópolis fue en gran medida posible por la conjunción de estos dos factores. Por estas razones el fenómeno de Shenzhen no es replicable.
Sin embargo, sí es posible extraer de la experiencia de Shenzhen tres elementos claves que permitan repensar las relaciones transfronterizas, particularmente en el caso de aquellas ciudades con niveles de desarrollo distintos, que comparten una frontera común. El primer elemento clave es la voluntad política del régimen para poner en marcha los cambios necesarios, a pesar de los riesgos implícitos que conlleva todo proceso de transformación. Las autoridades centrales de China, incluso en un periodo de convulsión política como el de los primeros años de la reforma, tuvieron la determinación de experimentar, retroceder y avanzar en un programa reformador que respondiera a las necesidades internas y que no fuera una simple imitación de fórmulas extranjeras sobre el desarrollo económico.
En el camino se cometieron errores y excesos, pero al final la voluntad política hizo posible que Shenzhen se convirtiera en una metrópoli. Esta voluntad política se derivó de la necesaria búsqueda de legitimidad debido a los años previos a la apertura económica en los que China se había sumido en el caos social y el estancamiento económico. Por lo tanto, la sobrevivencia del régimen estaba en demostrar la superioridad de los gobernantes expresada en acciones concretas para mejorar la calidad de vida de millones de campesinos. Y una manera de hacerlo era fomentando procesos de urbanización, de los cuales Shenzhen se convirtió en un ejemplo paradigmático.
El segundo elemento es la adopción de una visión de mediano y largo plazo. Más allá de que los planes maestros de Shenzhen son al mismo tiempo instrumentos políticos que justifican una visión ideológica del régimen comunista, es innegable que su planteamiento a mediano y largo plazo permite avanzar gradualmente hacia el cumplimiento de metas ambiciosas. Si bien, como se ha mostrado en este artículo, los planes se adaptan y se ajustan a las nuevas realidades, el adoptar una visión de largo plazo puede generar más confianza en los tomadores de decisiones para poner en marcha los planes, a la vez que proyecta y genera condiciones de certidumbre para los distintos actores económicos y sociales que han participado en la construcción de Shenzhen.
Sin embargo, la posibilidad de planear y dar continuidad a proyectos de mediano y largo plazo se debe justamente a la propia legitimidad del régimen cuya base no se encuentra en ganar elecciones ni en transiciones del poder como resultado de un proceso electoral competitivo en el que los ciudadanos refrendan a sus gobernantes, sino en la capacidad de los dirigentes para diseñar los planes, ponerlos en marcha y verificar su éxito.
Finalmente, el tercer elemento invita a imaginar las relaciones transfronterizas como dinámicas y no estáticas, que aspiran a pasar de una relación de subordinación y de imitación de la ciudad fronteriza menos desarrollada a una relación más horizontal, basada idealmente en un modelo de complementariedad. Este elemento permite incorporar una visión que lleva a imaginar futuros diferentes en los que las relaciones de dependencia y subordinación son producto de circunstancias históricas que pueden y deben cambiar con el tiempo, con la intención de mejorar las condiciones de vida de las poblaciones menos favorecidas. Esta visión responde al deber moral del gobernante de crear mejores condiciones de vida para los ciudadanos. Y, bajo la lógica de la legitimidad política tradicional china, las mejores condiciones de vida solo se generarán si los dirigentes son personas moralmente superiores.
Las diferentes etapas de Shenzhen que la han llevado a convertirse en una ciudad internacional, actualmente centrada en desarrollarse para ser un polo de innovación basado en una economía del conocimiento, son la mejor muestra de cómo estos tres factores contribuyen a realizar grandes transformaciones. Estos factores son el marco general que permitió a millones de personas experimentar cambios en su propia vida al abrir paso a nuevos horizontes y brindar posibilidades para que los residentes de Shenzhen se convirtieran en protagonistas de una historia que no sería posible sin el vínculo dinámico de las relaciones transfronterizas de Shenzhen con Hong Kong. Y sin un modelo político único que tiene otra forma de comprender la legitimidad y buscar su concretización.
Agradecimientos
Este artículo es resultado de las facilidades otorgadas por la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno del Tecnológico de Monterrey a través del Fondo de Apoyos a la Investigación y el Desarrollo de la Facultad 2025.
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Notas
1 “Un país, dos sistemas” es una política básica que el gobierno chino adoptó para lograr la reunificación pacífica del país. A partir de este principio, el gobierno chino reanudó el ejercicio de la soberanía sobre Hong Kong el 1 de julio de 1997. El gobierno central se adhiere estrictamente a la Ley Básica de Hong Kong y apoya la administración del jefe del ejecutivo y del gobierno de la región administrativa especial de Hong Kong de acuerdo con la ley. Dicha región ejerce un alto grado de autonomía conforme a la ley, y está investida con poder ejecutivo, legislativo y judicial independiente. La propuesta inicial de esta fórmula era que el anterior sistema capitalista y la forma de vida permanecieran sin cambios y la mayoría de las leyes siguieran aplicándose en Hong Kong (The State Council. The People’s Republic of China, 2014).
Daniel Lemus-Delgado
Mexicano. Doctorado en relaciones internacionales transpacíficas por la Universidad de Colima. Profesor investigador en la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno del Tecnológico de Monterrey. Publicación reciente: Lemus-Delgado, D. (2025). China’s Apollo Program: Chang’e lunar missions and regime legitimacy. Astropolitics, 23(1), 73-87. https://doi.org/10.1080/14777622.2025.2511173
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